Vientres de alquiler

Leyendo estos meses las opiniones sobre una posible “regulación” de la maternidad subrogada, me parece urgente reflexionar sobre algunos aspectos esenciales. Estamos hablando de personas, no de animales o cosas. Occidente ha hecho grandes esfuerzos por el progreso de las mujeres , y la práctica de la maternidad subrogada entraña situaciones injustas y violencia contra mujeres y niños, que desaconsejan aprobarla legalmente. El  Parlamento Europeo rechazó en 2015 la maternidad subrogada por ser “contraria a la dignidad humana de la mujer, ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como una materia prima”. Efectivamente, se desnaturaliza la relación materno-filial y se cosifica y comercializa a mujeres y niños.

Feministas, algunos políticos, y muchas otras personas que defienden los derechos humanos rechazamos también esas prácticas porque supone la explotación de mujeres y niños, muchas veces de países pobres. No es una técnica de reproducción asistida, sino un eufemismo que oculta un contrato de compraventa de un ser humano. El negocio del turismo reproductivo ha establecido redes en zonas de algunos países y presionan a los políticos para que se amplíe a otros muchos lugares. El derecho actual establece sin embargo que el contrato de “gestación por sustitución” es nulo de pleno derecho”, pues el hijo no es un objeto.
Algunos políticos hablan de hacerlo por “altruismo”, sin ánimo de lucro, aunque reciba alguna “compensación por las molestias”….Los datos reales de países que lo hicieron así permiten confirmar que no resulta eficaz, pues en la practica la casi totalidad de las mujeres lo hacen por motivos económicos. Es un eufemismo que enmascara una práctica comercial.Aunque fuera gratuita, no dejaría nunca de ser una explotación de mujeres y niños.
Hay también experiencia además de graves injusticias y problemas que han surgido, por desatención de mujeres pobres que sufren problemas físicos y psicológicos por esas prácticas, y de niños con deficiencias que no quiere nadie y acaban en orfelinatos.
Álvarez, del PSOE, señala: “En la práctica es una forma de explotación de las mujeres jóvenes. La libre circulación de los vientres de alquiler generaría paraísos reproductivos en lugares de pobreza y extrema vulnerabilidad de las mujeres”.
Los hijos son un gran bien, pero la paternidad y la maternidad no son un “derecho”.  Hay que comprender que “desear” un hijo no supone el “derecho” a conseguirlo de cualquier modo, haciendo violencia a mujeres y niños.
Para los problemas demográficos hay además opciones más solidarias como la adopción, y políticas que apoyen realmente a la familia y no la desnaturalicen. Confiemos que los políticos estén a la altura del progreso intelectual y moral de la cultura occidental….

Gloria Sole Romeo / Historiadora del feminismo

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