Urbanismo y Salud

La parte de la medicina que trata las epidemias constituye una aplicación de la ecología

urbanismo-y-salud-webEn cualquier país medianamente desarrollado, el urbanismo está para servir a las necesidades de salud de la población y nunca al revés, ya que ésto supondría la mayor necedad humana, contraria a la capacidad mental del hombre.

Las enfermedades no tienen hora ni día para hacer su aparición, aún a pesar del buen control epidemiológico que sigue la Administración Sanitaria y la adecuada y magnífica aplicación de las normas de Salud Pública que sin duda se practican y controlan; pero, aún así, en cualquier momento pueden hacer su aparición sin previo aviso, ya que el poder de los microorganismos y sus posibilidades de mutación son extraordinarias y hay que estar permanentemente alerta.

Si a ésto añadimos otros factores negativos tales como el estrés psicosocial, puesto de manifiesto a través de la investigación clínica realizada por prestigiosos y destacados grupos de investigadores, entendido el estrés como estar sometido a problemas insolubles creados por el propio hombre, el sistema imperante, irracionalidad, problemas matrimoniales, afectivos, pérdida de un ser querido o personas con una baja tolerencia a las frustaciones por múltiples razones, se dispara el cortisol que es la hormona del estrés dando lugar a elevados niveles en sangre que, mantenidos durante mucho tiempo, hacen su aparición los efectos adversos en la salud: aumento de la tensión sanguínea, cardiopatía isquémica, infartos, ansiedad, depresión e incapacidad para el rendimiento intelectual y laboral y toda la patología psicosomática conocida, envejecimiento prematuro y cáncer, puesto de manifiesto por el equipo del Dr. Manuel Freire Garabal, de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, la Dr. María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y otros especialistas investigadores de reconocido prestigio internacional.

A todo ésto hay que añadir que el hombre vive y se desarrolla dentro de un medio ambiente y la epidemiología constituye una de las aplicaciones más importantes de la ecología, ya que involucra conceptos específicos peculiares a diversas ramas de la biología y la sociología.

Sin entrar en temas polémicos o decisiones políticas en temas de urbanismo, lo cierto es que destacados investigadores en el tema de la salud, han llegado a demostrar que la ciudad nos vuelve locos. Esta afirmación no es igual para todas las personas donde unas, son más vulnerables. Numerosos estudios del grupo de la Dra. Blasco, en colaboración con el Hospital de Oslo, en Noruega, han demostrado que el estilo urbano aumenta los trastornos mentales y deja una huella en nuestro ADN, observándose en el estrés crónico telómeros (extremos) más cortos de lo normal.

Los que nos hemos dedicado toda la vida a la atención de la salud mental, (tanto a nivel asistencial como en el campo de la investigación científica), hace décadas que confirmamos esta realidad y para muchas personas, no todas, el mejor antidepresivo era recomendarle pasar algún fin de semana en el campo, contando en Galicia con expléndidos alojamientos de hoteles rurales y balnearios.

En los años que estuvo de director general del SERGAS, el Dr. Enrique Castellón Leal, médico y economista, fue una época en la que se hablaba de la Economía de la Salud, conceptos altamente rentables para las actuales arcas de la Administración Sanitaria y los pacientes, que ahorraría muchos millones con políticas basadas en la ecología y otros contenidos de la salud pública, sin negar las ventajas que supone vivir en la ciudad; ambos ambientes son perfectamente compatibles y dondelelmédico puede aprender a enlazar la medicina con la ecología, y la arquitectura para vehículo de sentir y pensar, según el famoso arquitecto Paul Goldberger, Premio Pulitzer (Nueva Jersey, Universidad de Yale), y que según él, “miles de edificios sin calidad acabaron con la economía” y donde todavía le cuesta entender a los talibanes de la arquitectura que solo admiten una manera de actuar.

Esta filosofía le valió al célebre arquitecto barcelonés, Ricardo Bofill Levi, quedar entre los diez finalistas en el Concurso Urbanístico Internacional celebrado en Moscú el pasado mes de septiembre de 212, donde afirma que “Debemos apostar por el camino ecológico”; los 30 m2 que hay de zona verde por habitante es la materia prima de donde nace la idea, arreglando bosques, rehabilitar e implantar nuevos servicios saludables periféricos con cero emisiones, y exentos de contaminación acústica, resolviendo problemas de congestión y tráfico. Esto es, en síntesis, elaborar proyectos saludables sin acudir a los recortes para salir de la crisis económica que nos asfixia.

Dr. Braulio García Zamorano

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