lunes, 23 septiembre, 2019
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“Si algo aprendí durante la Pontevedrada es lo absurdo que es no ser donante”

(Isabel García/Galicia)

El sábado 25 de abril de 2015, a las 20 horas, en la Plaza de la Herrería de Pontevedra, comenzaba la quinta edición de la Pontevedrada, una marcha solidaria, nocturna e ininterrumpida a pie, que durante aproximadamente 63 kilómetros transcurre a través del Camino de Santiago portugués, entre Pontevedra y la ciudad del Apóstol.

“Solidaridad, espíritu de superación e ilusión por la vida”; personalmente me enganchó este lema de la Organización y tengo que confesar que soy de esas personas que siempre le he tenido miedo a ser donante.

Pero aquí va la segunda confesión; despúes de publicar el primer año información sobre la Pontevedrada, me sentí en la obligación de ser consecuente con las cuestiones que como editora decidimos publicar, y me hice el carnet de donante). Aun así le he dado siempre muchas vueltas: y si duele, y si me entero, y si…, etc. etc.

Así que esta quinta edición fue una ocasión perfecta para saber qué significa el espíritu de la Pontevedrada y quitarme para siempre todos los miedos.

Celebramos reunión de equipo de Redacción, y como estoy rodeada de gente buena y valiente, lo decidimos: nos vamos a Pontevedra a vivir la Pontevedrada.

Si regalas vida la vida también te regala

Sábado 4 de la tarde: el equipo de Redacción de Salud y Medicina Hoy y nuestros compañeros de +Deporte nos pusimos rumbo a la quinta edición de la Pontevedrada.

Nuestro trabajo era descubrir por nosotros mismos el espíritu de esta marcha solidaria para poder compartirlo a través de nuestras cabeceras en papel y online.

Sabíamos que para poder contarlo teníamos que vivirlo y ahora que son las 7’14 de la mañana (cuando escribo estas líneas) estamos cansados pero satisfechos por haberlo hecho. Parte de mis compañeros están echando una cabezada en la furgoneta (las cámaras para grabar audiovisual ni se imaginan lo que pesan) y otros están en una sala de masajes habilitada por la Organización para la ocasión, porque algunos “pontevedreros” ya tienen encima más de 40 kilómetros y casi 10 horas sin descanso.

Sábado 6’30 de la tarde: llegamos a la Plaza de la Herrería en Pontevedra y la Pontevedrada ya estaba en el ambiente; cientos de personas decidieron plantarle cara al mal tiempo y allí estábamos todos, preparados para vivir la quinta edición de esta caminata. La plaza era un combinado de chubasqueros de colores que rompían una jornada gris de un cielo encapotado en el que pareciera que nunca había habido sol.

El lema volvía a estar presente: “Solidaridad, espíritu de superación e ilusión por la vida”.

Sábado 8 de la tarde: llegó el gran momento. A punto estaban de sonar los tres bocinazos que cada año indican el comienzo de la jornada. Pero antes, Raúl y Michel, los primeros “pontevedreros” de la historia de la Pontevedrada, nos presentaron a las personas que representaban a las asociaciones a quienes iba dedicada la recaudación de esta edición de la marcha solidaria: ASANOG (asociación de ayuda a niños oncológicos de Galicia) y ADROVI (asociación de donantes y receptores de órganos de Vigo). Hubo momentos para la emoción: personas anónimas dejaron de serlo para contar en primera persona su relación con la donación de sangre, órganos y tejidos. La Pontevedrada ya había comenzado, su espíritu comenzaba a viajar de aquí para allá, y ya no hay quien lo pare.

Sábado 8’30 de la tarde: el mal tiempo nos dio una tregua y quiso ser generoso con la Pontevedrada, así que descansó durante unas horas y dejó que los primeros 20 kilómetros transcurrieran sin su compañía. Eso sí, solo los 20 primeros kilómetros. Después había tanta gente mojada que ya ni recuerdo en qué momento paró de llover.

Es impresionante cómo la noche va absorviendo el día y cómo cada uno de nosotros, sin saberlo, es capaz de adaptarse a un medioambiente desconocido. Primera parada en Barro, segunda en Caldas de Reyes, tercera en Valga…

Domingo 6 de la mañana: es curioso, la noche tiene otros sonidos, colores, olores y las referencias cotidianas dejan paso a la incertidumbre cuando das cada paso en la oscuridad. A estas alturas corroboro algo que tengo clarísimo en mi vida: qué importante es con quién haces el camino y qué felicidad te regala saber compartir.

Domingo 7’30 de la mañana: qué paradoja, la línea entre la salud y la enfermedad es tan fina como la que separa la noche y el día; y ¿sabes? la felicidad está donde tú estás porque sabes aceptar sin sacrificio, es decir, con alegría, cada instante que te regala la vida.

La donación de sangre, órganos y tejidos es un regalo, que te regala la vida y que tienes la opción de regalar.

Domingo 8 de la mañana: nuestra próxima parada, Santiago de Compostela. Allí estuvimos hasta el mediodía. Observando, escuchando, comentando, compartiendo, aprendiendo… guardando en nuestras mochilas mil millones de razones para haber empezado ya la Pontevedrada 2016.

P.D: si algo aprendí durante la Pontevedrada es lo absurdo que es no ser donante, porque ¡¡para qué quiero yo lo que no necesito!! Y vuelvo feliz porque pienso que algún día podré yo también cambiar alguna de muchas historias que acaban bien.

AVISO: quiero aprovechar, en nombre de todo el Equipo, para dar las gracias a todas las personas que nos facilitaron sus imágenes y testimonios y que han hecho posible nuestro trabajo. Gracias también a Raúl y Michel, que son todo un ejemplo de solidaridad, espíritu de superación e ilusión por la vida.

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