miércoles, 14 noviembre, 2018
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Por favor, cuéntame un cuento

Si tienes hijos, sobrinos, nietos o, simplemente niños a tu alrededor, habrás oído estas palabras muchas veces. Es algo que se repite (o debería repetirse) en todos los hogares en los que viven niños (y no tan niños).

Leer es bueno a todas las edades, especialmente en edades tempranas, ya que los expertos reconocen que la lectura de cuentos por parte de adultos a los niños de entre 0 y 3 años presenta múltiples ventajas entre las que destacaría que:

-supone un momento de intimidad.

-es un buen entretenimiento.

-mejora la adquisición del habla.

-favorece la adquisición del hábito de lectura.

A medida que los niños van creciendo, la lectura les ayuda al enriquecimiento del lenguaje con aumento del vocabulario, estimula su imaginación y favorece el desarrollo de la agilidad mental y de su capacidad de concentración y memoria.

No podemos caer en el recurso fácil de que no tenemos tiempo o que es muy tarde y no es el momento para leer un cuento. Es una excusa que no debemos utilizar no sólo porque impedimos que los niños adquieran los beneficios de la lectura, sino, y no menos importante, porque les damos un ejemplo negativo de que la lectura es una tarea secundaria, una pérdida de tiempo, aunque no lo digamos con palabras. Esta actitud resulta determinante para que los pequeños se conviertan en adultos que odien los libros.

Aunque parece difícil motivarles para leer, no lo es, especialmente si seguimos unos sencillos consejos. Se recomienda:

-En la etapa pre lectora (cuando ellos aún no saben leer), la lectura debe realizarse con un adulto. Ambos mirando las páginas del libro, las letras y los dibujos y manteniendo un contacto directo en el que se puedan realizar todas las preguntas que se plantee el niño y responderlas de manera adaptada a su edad. También puede ayudar a que exprese ciertas emociones contenidas que puede no saber comunicar. Además, les ayuda a aprender, porque hasta los tres años todo lo absorben y asimilan muy rápidamente.

No podemos olvidar su función terapéutica porque, a pesar de su corta edad, pueden estar viviendo situaciones complejas que no son capaces de asimilar como la separación de sus padres, los celos por la llegada de un nuevo hermanito, el embarazo de mamá, etc. Estas lecturas adaptadas pueden servir de terapia para explicarles y ayudarles a superar estos complicados momentos vitales.

No renuncies a todas las posibilidades que hay en el mercado. Existen cuentos de tela, cuentos para el baño, cuentos con sonidos y colores, con diferentes texturas, etc. Cada uno puede resultar interesante en una etapa de su desarrollo o ser su preferido porque le resulta atractivo tocarlo. Todo vale si es útil para que se enamore de la lectura.

-A medida que van creciendo, los libros también lo hacen con ellos. Sirven para despertar nuevos intereses e inquietudes, reafirmar los ya existentes, inculcarles valores, etc.

Elegir el tema no es solo una tarea de los adultos. Es cierto que su opinión es importante, pero es fundamental que el libro les atraiga para que consiga mantener su atención y funcione como deseamos. No podemos obligarles a leer libros de historia porque sea nuestro tema preferido si a ellos no les gusta nada, ya que el efecto sería el contrario al que buscamos porque acabaría odiándolo.

-Los adolescentes también leen, aunque a veces parezca que no lo hacen. O así debería ser. Probablemente a los adultos no nos gusten los mismos libros que a ellos, pero debemos mantener nuestra mente abierta y dejarles escoger. Es importante que conozcamos sus gustos e incluso que lean esos libros para poder ayudarles o indicarles que no es adecuado “aunque todos sus amigos los lean”.

A pesar de nuestras preferencias por el libro de papel, no debemos excluir las opciones electrónicas que van ganando adeptos día a día. Puede convertirse en el mejor mecanismo para que se interesen por la actividad de la lectura y no es conveniente dejar de explorarla.

Establece mecanismos que fomenten la lectura, consulta a los expertos (profesores, bibliotecarios, etc.) y propón a tu hijo o hija actividades relacionadas con los libros y las bibliotecas. Cada vez son más numerosas las reuniones de cuentacuentos o los colegios que dedican algún módulo a la visita a su propia biblioteca o a la lectura de un libro recomendado por el profesor. Asúmelo como un procedimiento interesante y no lo veas como una “pérdida de tiempo” ni se lo transmitas así al niño. Cuéntale un cuento…incluso inventado.

Carmen Reija

Farmacéutica Colegiada

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