miércoles, 12 diciembre, 2018
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Pb, Cd, Hg

Cadena alimentaria

La cadena trófica o cadena alimentaria es un proceso mediante el cual la energía proveniente de la alimentación se transfiere de unos seres a otros. Es decir, es la lucha que todos los organismos sufren día a día por comer o ser comidos. Esto estaba mucho más presente en el ser humano primitivo ya que, en la actualidad disfrutamos de grandes factorías dedicadas al procesamiento y suministro de todo tipo de alimentos. Estamos llegando a un punto en el cual no sabemos en realidad lo que consumimos y no sólo por la desinformación acerca del origen o de la manipulación que los alimentos sufren antes de llegar a nuestros hogares, sino por no saber dónde crecen o se desarrollan los mismos (aunque todos sabemos diferenciar unas buenas centollas de las rías gallegas de unas de piscifactoría).

La rápida y fructuosa industrialización ha aportado enormes beneficios a la comodidad de la sociedad en todos los ámbitos de la vida sin embargo, todo tiene su repercusión y en este caso la peor de ellas se la está llevando el medio ambiente. El medio resulta básico para el bienestar de las personas y no sólo por poder disfrutar de las maravillosas vistas que ofrece la naturaleza, en este caso nos estamos refiriendo a como poco a poco envenenamos nuestros propios alimentos a través de él.

Pb, Cd, Hg. Son los símbolos químicos de tres de los metales pesados más tóxicos que existen en el medio ambiente y bioacumulables en las cadenas tróficas. Se trata de plomo (Pb), cadmio (Cd) y mercurio (Hg). Estos tres elementos no poseen una función fisiológica conocida y además se acumulan en nuestro organismo pudiendo llegar a crear problemas de salud si se encuentran en exceso. Es una realidad que todo lo que crece o se cría en el medio ambiente incorpora inevitablemente metales en mayor o menor cantidad, metales que tarde o temprano acabarán en nuestro cuerpo por el proceso anteriormente mencionado; la bioacumulación a través de la cadena trófica.

Plomo (Pb): sin ninguna función biológica ni nutricional reconocida es uno de los elementos tóxicos más importantes que podemos encontrar en nuestra dieta. Y hasta hace pocos años (y también en la actualidad) estaba muy presente en la construcción debido a cañerías y pinturas con plomo. También se encontraban elevadas concentraciones de este metal en latas de conserva debido a que su soldadura estaba hecha con plomo, en juguetes para niños o en envoltorios de botellas de vino. Tradicionalmente, la caza ha sido y es una de las mayores fuentes de contaminación por plomo debido al uso de munición elaborada con este metal. Es tanta la preocupación que suscita la bioacumulación del plomo que en el 2001 se prohibió la utilización de este tipo de munición en todos los humedales españoles debido a la muerte de aves por la ingesta de dosis muy elevadas de plomo acumulado en el medio ambiente. Este tipo de prácticas pueden llegar a contaminar 12.000 litros de agua hasta el máximo de plomo permitido por la Unión Europea que es de 0,01 mg/litro. Y es que este es uno de los grandes problemas que la práctica cinegética lleva consigo. Un animal abatido por perdigones de plomo incorpora a su organismo varios miligramos del metal en la herida y sumado al que pudo haber ingerido debido a la caza en la zona donde habitaba, hace que casi un 40% de los ejemplares que muchas veces son consumidos, serían declarados no aptos para el consumo.

Un exceso de este metal en la dieta causa daños nerviosos, renales, anemia e hipertensión además de afectar al funcionamiento del sistema inmunitario se tiene la sospecha de que puede ser un elemento carcinogénico.

Cadmio (Cd): serio contaminante del medio acuático y muy famoso por el caso de la intoxicación colectiva Itai-Itai ocurrida en Japón a principios del siglo XX. El cadmio fue vertido a ríos por empresas mineras. El agua de río era empleada para el riego de campos de arroz, como agua de consumo y como lugar de pesca. Esto repercutió directamente en la salud de los lugareños que sufrieron múltiples fracturas óseas debido a la osteoporosis y osteomalacia además de daños renales, enfisemas y anemias.

Algo curioso acerca de este metal (y a tener en cuenta el segundo domingo de agosto en O Carballiño) es que se acumula en enormes cantidades en riñones e hígados de ciertos organismos marinos como es nuestro querido cefalópodo; el pulpo. Por lo tanto, confiemos en el saber hacer de nuestras/os pulpeiras/os.

Mercurio (Hg): uno de los principales contaminantes en alimentos aunque el riesgo para la salud depende del tipo de alimento ingerido. Cabe destacar que en su estado natural no es tóxico pero las diversas formas que adopta en la naturaleza si son muy nocivas. Es la forma metilmercurio una de las más tóxicas conocidas ya que, atraviesa la barrera hematoencefálica y la placenta causando efectos mutagénicos y teratogénicos en los fetos. Diversos estudios apuntan como principal aporte de mercurio a la dieta el pescado, los moluscos y los crustáceos. Sus principales efectos han sido documentados de nuevo en Japón donde las personas afectadas mostraban temblores, entumecimientos y disturbio sensorial. Su toxicidad es irreversible y por eso se han establecido límites máximos en alimentos con alto contenido de mercurio. De esta forma, una mujer embarazada de 60 kg superaría la ingesta máxima tolerable con una ración de 100 g de pez espada y un niño de unos 35 kg sólo podría consumir 50 g de pez espada a la semana.

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