miércoles, 12 diciembre, 2018
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Los últimos fármacos antiepilépticos reúnen una “serie de condiciones que mejoran la calidad de vida del paciente”

El 70% de las personas con epilepsia tienen la enfermedad controlada con el tratamiento. Esto les permite llevar una vida completamente normal con mínimas limitaciones.

El avance en la farmacología permite, no sólo controlar las crisis epilépticas, sino también, mejorar la calidad de vida de los pacientes. Según indica el neurólogo Eduardo Rubio, el paciente “no tiene que adaptar su vida al medicamento sino que el medicamento se integra de la manera más natural posible en su vida”.

¿Cuántas personas afectadas hay en el área sanitaria del CHUAC? Los estudios indicaban que la epilepsia estaba en torno a 10 casos por 1000 habitantes. Un estudio publicado en el año 2013, realizado con las poblaciones de Zaragoza, Sevilla y Almería, estimó que la frecuencia de la epilepsia está en 14 casos por 1000 habitantes. No hay ningún estudio gallego así que, teniendo en cuenta este estudio de prevalencia en España, en nuestra área sanitaria, que es de aproximadamente 500.000 habitantes, tendríamos una población de epilépticos de aproximadamente 7.000.

¿Hay personas sin diagnóstico? El diagnóstico es complejo salvo que sean las crisis tónico clónicas generalizadas, lo que se conoce como convulsión, que son fácilmente reconocibles. Hay otro tipo de crisis como un movimiento involuntario de una mano, un pie, una parte de la cara…. Están también las típicas ausencias en la infancia o crisis parciales complejas en mayores. Reconocer ese tipo de crisis es difícil y lleva, a veces, a un retraso en el diagnóstico porque quien está presente no lo identifica como tal.

¿Qué signos pueden ayudar a identificar estas epilepsias? Las crisis de ausencia, en infancia y la crisis parcial compleja, en adultos tienen una manifestación parecida. Personas que quedan ausentes, paradas, con la mirada fija y no responden a estímulos externos. En algunos casos, puede haber signos que nos ayudan a identificarlas: ojos muy abiertos; mirada fija; en algunos casos se produce un movimiento de labios como tragar o chupar; y, a veces, juegan con las manos. Estos automatismos son más frecuentes en edades más avanzadas. Es muy difícil de apreciar porque, a veces, dura segundos y a la persona que le ocurre, no es consciente. En niños es más complicado aún, pueden estar en clase y tener ausencias, por ello, salvo que se interactúe con ellos, es muy difícil de percibir.

¿Cuáles son las causas? La epilepsia es una alteración del cerebro que predispone a este a generar crisis epilépticas. Las causas son variadas. Hay tres tipos: causa de base genética, causa estructural o metabólica y un tercer grupo de causa desconocida. La fisiopatología es una hiperexcitabilidad anormal y transitoria de un grupo de neuronas. En el caso de que este grupo de neuronas esté localizado, hablaríamos de epilepsias focales y podemos buscar la causa en una parte del cerebro. Si es en ambos hemisferios del cerebro, la causa suele ser genética.

¿Hay mayor incidencia según edades? Hay una distribución bimodal en las edades. Las dos incidencias más importantes son por debajo de 20 años o a partir de los 65. Por debajo de los 20 años, se asocian a problemas en el parto; trastornos encefalopáticos; anoxia en el parto; enfermedades infecciosas de la primera infancia; y, en estas edades, se manifiestan la mayor parte de las epilepsias de causa genética. Por otro lado, la epilepsia se asocia a muchas enfermedades vasculares cerebrales que son más frecuentes a partir de los 65 años.

En la adolescencia, ¿hay problemas de adherencia al tratamiento? Sí. Cuando se diagnostica a una persona de 15 a 25 años, es difícil que se adapte al tratamiento. La adherencia es muy importante pero no sólo en epilepsia. Los estudios indican que aproximadamente el 40-50% de los pacientes con enfermedades crónicas no toman el tratamiento. La epilepsia no escapa de esto y es más grave, si cabe, porque el paciente epiléptico tiene una crisis y se hace realmente daño. Los últimos medicamentos han mejorado la adherencia porque se toman una vez al día o con el desayuno y la cena. No tienen que tomarlo tres o cuatro veces que es lo que cuesta. Si lo toman al volver al casa, es menos lesivo que tener que tomarlo delante de los compañeros porque los adolescentes sí tienden más a ocultarlo por vergüenza. En pacientes que no están bien controlados, la adherencia suele ser mayor. Cuando un paciente está bien controlado, termina pensando que no necesita el medicamento. Lo que hace el paciente es una balanza entre el miedo al efecto secundario y el beneficio que le ve. Nosotros hablamos mucho con ellos sobre eso porque si lo no toman pueden tener un accidente o provocar que una epilepsia que se controlaba bien, se convierta en una epilepsia más rebelde al tratamiento. Está, además, el problema de mantener un ritmo de sueño, no tomar alcohol ni drogas.

¿Ha avanzado mucho la farmacología? Sí. En los últimos años han salido diversos fármacos antiepilépticos. Nosotros intentamos que no tengan crisis epilépticas pero el fin global es mejorar la calidad de vida. Los últimos fármacos tienen una eficacia en control de crisis muy parecida a los fármacos clásicos. Sin embargo, han mejorado en efectos secundarios; en la posología, se toman una sola vez al día; no tienen interacciones con otros medicamentos como el sintrom; y tienen diferentes metabolismos, por ejemplo, para pacientes con un problema hepático. Esta serie de condiciones de los fármacos mejoran la calidad de vida del paciente. No tiene que adaptar su vida al medicamento sino que el medicamento se integra de la manera más natural posible en la vida del paciente.

¿Cuáles son los hábitos recomendables? Las crisis son espontáneas pero para no precipitarlas, tienen que tomar bien el tratamiento; evitar alteración del ritmo de sueño; evitar drogas y alcohol. Algunos tipos de epilepsia son sensibles a estímulos y habría que evitarlos. Para no hacerse daño, si no están controlados, evitar situaciones en que una crisis que ponga en riesgo su integridad física o la de terceras personas.

¿Qué riesgos puede haber en una epilepsia? El riesgo más típico son los accidentes domésticos o traumatismos craneoencefálicos; que se produzca un estatus, cuando las crisis no paran y tienen que ir a la UCI y un tercer apartado que es SUDEP, muerte inesperada en pacientes epilépticos. Es más habitual con crisis generalizadas pero es poco frecuente, 1 caso por 1000 o 1500. También hay inconvenientes. Los pacientes con epilepsia no controlada no pueden conducir y esto condiciona su vida: tienen que vivir cerca del lugar de trabajo, depender de transporte público o que algún familiar lo lleve. La pérdida del coche a nivel calidad vida es muy grande.

¿Y a nivel anímico? La epilepsia suele ser un trastorno crónico, para toda su vida. En algunos casos derivamos al psicólogo porque no lo llevan bien pero, en general, los enfermos bien controlados, hacen vida normal y no tiene limitaciones. Con los pacientes no controlados,  intentamos hablar aunque las listas de espera son las que son. Tratamos de estar muy encima de ellos: que sean conscientes de que nos tienen aquí para lo que necesiten; explicarles  muy bien la enfermedad; cuál es el pronóstico que esperamos; cuáles son las metas a alcanzar con el tratamiento y que este no dificulte su calidad de vida. Es muy importante el arropo familiar y que sean conscientes de la enfermedad.

 

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