miércoles, 14 noviembre, 2018
Portada > Artículos > “La recuperación de un ictus lleva tiempo pero si se quiere se puede”

“La recuperación de un ictus lleva tiempo pero si se quiere se puede”

Cerebro humano

Las secuelas de un ictus o un accidente cerebrovascular son diferentes en cada persona. Puede haber afectaciones físicas, cognitivas y también psicológicas. La lesión determinará la afectación y también las posibilidades de recuperación.

Las terapias rehabilitadoras deben ser adaptadas a las necesidades de cada persona y prolongadas en el tiempo. Peregrina es muy consciente de esta realidad. Ella sufrió un ictus hace prácticamente dos años. En aquel entonces tenía 62 años y como ella misma dice su vida era un no parar continuo. “Trabajaba de 3 de la tarde a 10 de la noche, a veces trabajaba también por las mañanas y a la vuelta a casa aún hacía cosas”. En 30 años de vida laboral “nunca paré pero tras el ictus tuve que parar en seco”.

Ese parón brusco le hizo cambiar también su filosofía de vida, “te tomas la vida con más calma y no con ese estrés que sufrí durante 30 años. Ahora toca vivir la vida y no mirar atrás” porque como apunta, eso sólo conseguiría mantenerla en la quietud.

“Era la primera vez que estaba ingresada en un hospital y casi no había escuchado hablar del ictus”. Ese accidente cerebrovascular apareció de repente en su vida y provocó que Peregrina estuviese ingresada durante cuatro meses y dejó “dormida” la parte izquierda de su cuerpo. “Soy consciente de cuando me dio el ictus, noté un vahído, me quise levantar y ya no pude, escuchaba el teléfono y no podía moverme”. Sin embargo, dice, del primer mes de ingreso no recuerda nada, “fue mi familia quien vivió esos momentos sin saber si iba a despertar”.

Cuando Peregrina salió del hospital lo hizo en una silla de ruedas por lo que ella y su familia tuvieron que adaptarse a la nueva situación. “Me fui acostumbrando a verme en la silla y mi marido y mis hijos tuvieron que hacer horarios para atenderme”. Comenzó la rehabilitación con sesiones de fisioterapia en el hospital de Oza. Sin embargo, dice, “me dieron el alta sin haber acabado la rehabilitación y me dijeron que no podían hacer nada más por mí”. Una situación que, apunta Peregrina, no fue excepcional, sino que más personas pasaron por este momento. “El trato de los profesionales era bueno, ellos no tienen la culpa pero es un organismo que no funciona bien”.

Tras esa noticia, dice Peregrina, “pensé que me iba a quedar así, no sabía qué más hacer”. Sin embargo, ella y su familia no se detuvieron y llegaron hasta el centro Adaceco para continuar con su rehabilitación. “Cuando llegué me hicieron una evaluación y comencé con sesiones de fisioterapia y terapia ocupacional para continuar la rehabilitación”. Peregrina acude todos los días al centro desde hace año y medio.

Cuando Peregrina comenzó la rehabilitación, dice, “casi no podía caminar y ahora ya doy pasos con ayuda”. Su brazo también ha mejorado gracias a la fisioterapia y las sesiones de terapia ocupacional. La recuperación dice, es lenta y “no estaba convencida de poder llegar a donde estoy ahora”. El trabajo diario es imprescindible pero también lo es la motivación.  “Si se quiere se puede pero hay que querer y cuando avanzas un poco en la rehabilitación, te animas mucho para seguir adelante”

En el proceso de recuperación aparecen también dificultades, “un día lo pasarás mal pero al siguiente consigues superarte y te encuentras más a gusto”. Como dice Peregrina, “cuando aparece una enfermedad hay que adaptarse y la enfermedad cansa porque pasa un año y otro pero no se acaba el mundo”. En esto la familia juega un papel clave, pues ellos son el apoyo de la persona afectada pero también sufren el desgaste de esta situación. Hay ocasiones “en que la familia se derrumba, los sobreprotegen o no acuden a un centro porque creen que ellos pueden curar a su familiar” pero “en mi caso, mi familia lo superó y se adaptó, saben que hay cosas que no puedo hacer y me ayudan pero me tratan exactamente igual que antes”.

Peregrina tiene ahora una familia más, los compañeros y compañeras con los que comparte horas en Adaceco. “Estás con un grupo con el que parece que llevas toda la vida y disfrutas con las actividades y también en las comidas de celebración”. Estos momentos de ocio son tan importantes como la rehabilitación para avanzar en la recuperación. Como dice Peregrina, “no puedes meterte en una burbuja, yo me apunto a todo. No puedo volver atrás pero sigo disfrutando”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *