jueves, 2 julio, 2020
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Ictus: Rehabilitación para restaurar las neuronas

El ictus es la segunda causa de discapacidad por enfermedad cardiovascular, sólo por detrás del infarto de miocardio. Una de cada seis personas tiene un ictus a lo largo de su vida y todos los años aparecen unos doscientos nuevos casos por cada 100.000 habitantes.

En las últimas décadas se han producido importantes avances en la prevención y la intervención temprana en el ictus, lo que ha contribuido a reducir la mortandad. Las campañas informativas y la creación de las unidades hospitalarias de ictus han sido claves para facilitar su identificación y tratamiento precoces. Sin embargo, se le ha prestado mucha menos atención al tratamiento y la rehabilitación tras el ictus que son fundamentales para reducir la discapacidad. La neurorehabilitación y el tratamiento neurorestaurador son imperativos para recuperar la funcionalidad de las neuronas tanto durante como después de dicha fase.

Las principales complicaciones después del ictus son: el daño cerebral que dependiendo de su localización y extensión va a producir secuelas más o menos graves; la discapacidad motora y sensorial que puede afectar a funciones como la movilidad, el equilibrio, la deglución, el habla, la vista y el oído, entre otras; las limitaciones asociadas a la espasticidad (aumento de la rigidez muscular), el dolor o la fatiga crónica; las alteraciones emocionales y conductuales como apatía, depresión y trastornos del comportamiento; y el deterioro de capacidades cerebrales como la atención, las funciones ejecutivas (organizar, planificar y ejecutar), la agilidad mental, el lenguaje o la memoria.

Históricamente, se ha prestado escasa atención a las alteraciones emocionales y al deterioro de las funciones cognitivas. Sin embargo, mientras que las disfunciones sensorio-motoras tienden a mejorar con el tiempo, las discapacidades emocionales y cognitivas habitualmente empeoran después del ictus. El ictus se asocia frecuentemente a depresión, apatía, ansiedad y trastornos del comportamiento que dificultan la plena reintegración social y laboral de los pacientes. Por ello, es muy importante que le prestemos atención y tratemos las manifestaciones psíquicas y cognitivas del ictus.

Actualmente, las estrategias preventivas y terapéuticas en el ictus incluyen: prevención primaria para reducir la aparición y la gravedad del ictus (control de factores de riesgo como enfermedades cardiacas, hipertensión, colesterol, diabetes, obesidad, tabaco, inactividad, depresión y estrés); prevención secundaria para limitar las complicaciones tempranas y la recurrencia del ictus (restaurar la circulación lo antes posible, tratamientos anti-agregantes y anti-coagulantes, y movilización temprana combinado con neurorehabilitación y tratamiento neurofarmacológico); y terapias para mejorar la discapacidad física y mental (Reducir la patología vascular, tratar los síntomas neuropsiquiátricos, neurorehabilitación, tratamiento neuroprotector, e intervenciones para estimular la producción de factores tróficos en cerebro que faciliten la recuperación de las neuronas dañadas).

El tratamiento combinado con medicamentos para reducir la tensión arterial, la agregación de la sangre y el colesterol ha demostrado que se puede reducir el deterioro cognitivo a los 3 meses en pacientes con ictus isquémico. El control de los síntomas psíquicos (ansiedad y depresión) y el tratamiento con fármacos neuroprotectores (citicolina, actovegin y cerebrolysin) también han demostrado eficacia para reducir el deterioro cognitivo después del ictus. Igualmente, la neurorehabilitación física, cognitiva y con técnicas de estimulación cerebral no invasiva permite mejorar la recuperación funcional del ictus.

Curiosamente, las estrategias que parecen más efectivas en la recuperación del ictus son las que contribuyen a aumentar los niveles de factores tróficos del cerebro, particularmente los denominados IGF-I y BDNF. El ejercicio aeróbico, la rehabilitación cognitiva, la estimulación magnética transcraneal y la interacción social, así como algunos medicamentos anti-depresivos y neuroprotectores (Cerebrolysin) son de ayuda para la recuperación funcional del ictus y parece que sus efectos beneficiosos podrían estar mediados por la producción de factores tróficos como el BDNF. Una adecuada combinación de estas terapias y la adaptación personalizada a cada caso son la clave para alcanzar la máxima recuperación después del ictus

En la Clínica RehaSalud (A Coruña) cuentan con una Unidad especializada para la recuperación del ictus en la que aplicamos las técnicas más eficaces de Neuro-Rehabilitación física, cognitiva y terapia ocupacional, así como los últimos avances de la terapia farmacológica. La Unidad para la Recuperación del Ictus de RehaSalud cuenta con un equipo interdisciplinar de médicos y terapeutas con gran experiencia en la investigación y el tratamiento personalizado de los pacientes con ictus.

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