Fruta desvitalizada no es fruta

Pero mira que nos hemos vuelto comodones. La fruta desvitalizada no es fruta. Hay gente que por no pelar la fruta, o trocearla, prefiere comprarla enlatada y lista para comer, con el gran menoscabo nutritivo que ello supone. En serio, no deberíamos andar jugando con los alimentos que nos aseguran nuestro aporte diario de vitamina C, porque los humanos dependemos de ella y nuestro metabolismo la precisa. Yo mismo, aseguro mi cupo diario de ascorbato comiendo mucha fruta y vegetales verdes, siempre frescos; incluso gusto de reforzar mis ensaladas con pimiento rojo crudo y zumo de limón, muy ricos en vitamina C.

Sin embargo, mucha gente cae una y otra vez en el tremendo error de comprar fruta “industrializada”, léase enlatada, embotellada o procesada. Los zumos y néctares comerciales, y debido al proceso de pasteurización, están más muertos que Matusalén, y generalmente cargados de azúcar. La fruta en conserva no deja de ser fruta cadavérica flotando en un charco pringoso de almíbar, o en su propio jugo oxidado, en el mejor de los casos. Aunque los productos más aberrativos, nutritivamente hablando, son aquellos que mezclan leche y frutas, lo que provoca en el estómago la formación de un amasijo indigesto que, además de fermentar generando gases, engorda “cosa mala”.

La piña natural, sin ir más lejos, es rica en múltiples oligoelementos, fibra y enzimas proteolíticas. En concreto, la piña es célebre por contener bromelaína, un conjunto de enzimas especializadas en descomponer las proteínas de la dieta; así, toda aquella proteína de origen animal o vegetal que se ingiera conjuntamente con piña fresca será parcialmente digerida por las antedichas enzimas, cosa que facilita mucho la digestión y previene la putrefacción intestinal. Por eso tradicionalmente en los rodicios brasileños se sirven rodajas frescas de abacaxi (piña) para, muy acertadamente, ayudar a digerir toda esa orgía de prótidos cárnicos.

Pues bien, la piña en lata ha perdido todas esas facultades y es una fruta desvitalizada, carente de vitaminas, oligoelementos y enzimas. Además, al carecer de tronco central -de lignina- tampoco aporta fibra. Lo único que aporta es azúcar. Tres cuartos de lo mismo le pasa a la piña ya cortada en rodajas, pelada y sin el centro fibroso, que se vende guillotinada y a la vista del respetable… esa fruta está oxidada completamente y no posee vitalidad alguna.

 

Insisto, la fruta desvitalizada no es fruta

¿Y qué me dice de la fruta enlatada, más ácida que el vinagre peleón? Los frutos rojos, por ejemplo; comer tales bayas es lo mismo que engullir gominolas empapadas en vinagre. Créame, han dejado de ser frutos del bosque hace mucho tiempo, y si todavía preservan su color original es gracias a conservantes y aditivos.

Los tutti-fruttis ya preparados, carecen de sentido alguno. Toda esa fruta está completamente desvitalizada, oxidada, muerta. Si no cuesta nada, señores, cortar unas fresitas, trocear un plátano, una naranja, una pera dulce y regar todo con zumo de mandarina, para acabar espolvoreando con un poquito de azúcar integral de caña y un toque de canela. Y ojito con los zumos comerciales. Estos zumos se pasteurizan y, debido al calor, desaparecen las vitaminas A, C, y parte del grupo B… eso sin contar con los azúcares que después se añaden.

Piense en un zumo de manzana comercial: si usted coge un vaso lleno y lo pone a contraluz, podrá ver a través del líquido porque la industria lo ha “clarificado” con pectinasa, una enzima que rompe la pectina (la fibra mayoritaria de la pulpa de manzana); el resultado es un líquido traslúcido y homogéneo, más atractivo para el consumidor que su forma recién exprimida. Lástima que sea, precisamente esta fibra que enturbia el zumo natural, la responsable de los efectos benéficos en nuestro organismo, tales como atrapar el colesterol o controlar la glucemia. Hágame caso: coma mucha fruta todos los días, pero fresca y, a ser posible, entera.

Consulta de nutrición funcional / Centrobenestarsantiago.com

 

 

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