miércoles, 14 noviembre, 2018
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“El éxito del tratamiento está en ser consciente de la enfermedad, lo que conlleva y ser estricto”

La Fibromialgia es una enfermedad crónica, de origen desconocido y con sintomatología muy diversa. En la actualidad, se desconoce tanto el origen como un tratamiento farmacológico específico.

Según explica Sabela Rivas, Fisioterapeuta y Dra. en Ciencias de la Rehabilitación por las Universidades de Sao Paulo y Coruña, “de todos los tipos de tratamiento, el ejercicio físico es el que mejor evidencia científica presenta”. Añade, además, que, el tratamiento deber ser “una suma de varias cosas: ejercicio físico, fisioterapia, dieta y, sobre todo, ser responsable con uno mismo”.

Dentro de la fisioterapia, ¿qué tratamientos son recomendados? En la fisioterapia, hay muchas vertientes. La quiropráctica no está recomendada, pues es muy lesiva y tampoco el masaje profundo. Hay que tener ojo con la forma en que se trata al paciente. Los estímulos que puedes dar a una persona sin la patología, en ese paciente, son multiplicados por 20. En fisioterapia, todo lo que sean movilizaciones va a producir un alivio. Están indicadas, entre otras, las técnicas miofasciales y, a nivel visceral, tanto en hígado como estómago, también ayuda mucho. El hígado suele estar dañado por la medicación y el componente de estrés y ansiedad que se asocia a la fibromialgia. Además, suelen presentar problemas de acidez, estreñimiento o diarrea.

¿En qué debe consistir el tratamiento? No existe un tratamiento que sea extraordinario y elimine el dolor. Es una suma de varias cosas: ejercicio físico, fisioterapia, dieta y, sobre todo, ser responsable con uno mismo. El éxito del tratamiento está en ser consciente de la enfermedad, lo que conlleva, entender que la enfermedad fluctúa y ser estricto. Con ejercicio, dieta y fisioterapia se experimenta una mejoría y después se estabiliza. Sin embargo, si se deja el tratamiento, la caída es brutal y es complicado volver al estado basal. Los pacientes tienen que ser exigentes y responsables de su propia enfermedad.

¿Cómo actúa el ejercicio físico? En la fibromialgia, hay una preinflamación basal y el ejercicio físico actúa sobre esa inflamación.  Ayuda a que mejore el dolor y a su vez produce una mejoría en la fatiga y el equilibrio. Si se hace en agua, uno de los efectos es que induce relajación, por tanto se descansa y se duerme mejor. Esto ayuda a crear una rutina. Los pacientes de Fibromialgia, muchas veces, cuando no pueden dormir se levantan o van a pasear. El cuerpo necesita rutinas. Hay que quedarse en cama, cerrar los ojos e intentar relajarse aunque no se duerma, para acostumbrar al cuerpo a que no tiene que estar en actividad. El ejercicio físico, además del componente antiinflamatorio, genera endorfinas que ayudan a deshacerse del estrés. De todos los tipos de tratamiento, el ejercicio físico es el que mejor evidencia científica presenta. Lo indicado es hacer ejercicio físico de bajo impacto y en el momento en que sientan fatiga, deben parar. Los pacientes deben marcar el ritmo. De no ser así, al día siguiente habrá más dolor y más fatiga.

Hay problemas habituales en la Articulación Temporomandibular (ATM), ¿qué papel juega la fisioterapia? Desde el punto de vista de la fisioterapia, tratar la zona ATM es fundamental. Es una musculatura que usas todo el día, para hablar o comer y, en casos de bruxismo, tampoco se desactiva por la noche. Esta musculatura es responsable de dolor cervical, mareos, dolores de cabeza… La fisioterapia actúa de forma positiva con muy buenos resultados. En temas como el bruxismo, al no poder controlarlo de noche, lo mejor es optar por férulas de descarga adaptadas por un dentista.

¿La existencia de unidades multidisciplinares mejoraría la atención? La parte multidisciplinar es fundamental en cualquier enfermedad crónica. Desde el punto de vista de la fibromialgia, debería haber profesionales de psicología, fisioterapia, nutrición, reumatología y psiquiatría. Cada uno dedicado a una cosa pero intercomunicados. Siempre es mejor si observas a la persona como un todo. Como profesional, intento orientar a mis pacientes en las vertientes que, para mí, son fundamentales: nutrición, ejercicio físico, responsabilidad del paciente y, desde la fisioterapia, controles cada dos o tres semanas para controlar que todo vaya bien.

 

 

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