Ajedrez: jaque mate a los problemas de memoria y concentración

El ajedrez es considerado como un deporte por el Comité Olímpico Internacional y tiene su propia federación que se encargar de regular el deporte y organizar torneos entre los y las mejoras jugadoras del mundo. Una de las pruebas destacadas de este deporte son precisamente las Olimpiadas de Ajedrez. Los beneficios del ajedrez han sido elogiados por los jugadores y aficionados pero existen estudios científicos que demuestran las capacidades del ajedrez para mejorar nuestro rendimiento en diversas materias como el cálculo mental, la toma de decisiones o incluso la comprensión lectora. Además de estos estudios, diferentes ensayos médicos han revelado la valiosa aportación del ajedrez en la prevención del alzheimer, la mejora de la ansiedad o la capacidad de concentración.

Tal y como lo conocemos ahora el ajedrez se empezó a jugar en Europa en el S.XV pero para ir a sus orígenes tenemos que remontarnos muy atrás en el tiempo y viajar hacia el continente asiático pasando posteriormente por Persia. El germen del ajedrez está en un juego indio del siglo VI llamado chaturanga y que posteriormente fue evolucionado por la nación persa, próxima a la antigua zona de Mesopotamia, hoy lugar reservado en el mapa para Irán. Este juego de estrategia comenzó a ganar popularidad en Europa hasta que en 1886 se celebró el primer campeonato oficial del mundo. Desde aquella el ajedrez ha visto como algunos de sus jugadores más importantes ganaban relevancia y colocaban a este deporte en la casilla de reservado para genios e intelectuales. Las largas partidas entre Karpov y Kasparov, la calidad de su juego y la rivalidad existente entre ellos colocaron al ajedrez entre las noticias destacadas durante una década, entre 1985 y 1995.

La percepción del ajedrez como un deporte reservado para intelectuales se ha roto y cada vez más se hacen esfuerzos para potenciar este juego de lógica entre los más jóvenes. El primer paso lo dio el Parlamento Europeo con una propuesta para incluirlo en el sistema educativo. En España, se aprobó su incorporación en el currículo escolar, algo diluido entre la ley Wert y las reválidas. Algunos centros educativos lo han incorporado como herramienta pedagógica y otros muchos lo imparten como educación no formal. La decisión de incluir el ajedrez en las agendas escolares está sostenida por diferentes estudios que refrendan la virtud del ajedrez a la hora de mejorar el aprendizaje.

 

Ajedrez e infancia

Cada día, los alumnos y alumnas deben tomar decisiones, superar exámenes o resolver problemas. Ante estos retos, además de adquirir conocimientos, es necesario adquirir habilidades, tanto sociales como emocionales y buscar las herramientas que les permitan mejorar su capacidad para aprender y comprender. Según el estudio El ajedrez como una herramienta para el desarrollo de la mente de los niños desarrollado por la Universidad de Sidney, se demostró que el ajedrez mejora la memoria, el pensamiento crítico y creativo, la toma de decisiones bajo presión, la concentración o el cociente intelectual. Estos estudios llevan varios años desarrollándose en países como Alemania donde tras 10 años se ha demostrado la mejora de los estudiantes que juegan al ajedrez en ámbitos como el cálculo o la comprensión lectora frente a los que realizan otro tipo de actividades deportivas. Los expertos aseguran además, que al tratarse de un juego cuya base está en la lógica y la estrategia, los logros obtenidos por los niños y niñas favorecen también su autoestima al considerarlos como la superación de un reto.

Observando estos beneficios del ajedrez, desde el sector médico han querido ir más allá y comprobar estas virtudes en pacientes con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El TDAH provoca dificultades para la relación interpersonal, impulsividad o retraso en el aprendizaje, por su dificultad a la hora de concentrarse ya que cualquier estímulo puede desviar su atención. Se trata de un trastorno que necesita un diagnóstico clínico y para el que habitualmente es necesaria medicación, aunque el porcentaje de casos con diagnóstico clínico es muy bajo. Su tratamiento debe ser multimodal, es decir, al tratamiento farmacológico hay que complementarlo con psicológico y psicopedagógico.

Del estudio Eficacia del entrenamiento en ajedrez para tratamientos de TDAH del Hospital Universitario Puerta de Hierro se extrae que una mayoría considerable de padres refirió cierta mejoría de la severidad del TDAH en sus hijos, y casi la mitad de los padres refirieron una disminución de la severidad del TDAH. Aunque los expertos, ven positivo este estudio es necesario seguir investigando y tratar al ajedrez como un complemento en el tratamiento.

 

Prevención de la pérdida de memoria

Ejercitar nuestra mente es una forma de prevenir o retrasar enfermedades como el alzheimer. Los juegos de lógica, entre ellos el ajedrez, son el aeróbic para nuestro cerebro. Un estudio realizado en el Hospital Universitario de Valencia con un grupo de 120 personas entre 57-87 años, demostró la mejoría de los pacientes tras un año jugando al ajedrez. El 65% de los que habían jugado mejoraron sus funciones visioespaciales, la rapidez mental y mayor rapidez para procesar información. Así como se ha demostrado que mejora la memoria fotográfica y la memoria a largo y corto plazo, pudiendo considerarse una actividad que rejuvenece nuestro cerebro.

Algunos estudios han probado que el ajedrez ejercita los dos hemisferios de nuestro cerebro, favorece la sinapsis – la relación entre neuronas- y el crecimiento de dendritas que se encargan de recibir los impulsos neuronales. Otras muchas investigaciones, aún incipientes, se han centrado en los efectos del ajedrez en personas con trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar con resultados positivos pero no concluyentes.

Los beneficios para la salud mental del ajedrez van más allá, permite mejorar las habilidades sociales, el aumento de la autoestima, el control de la impulsividad o del estrés. Por ello se emplea también en terapias de rehabilitación de adicciones, en programas de reinserción en cárceles o de empoderamiento para mujeres víctimas de violencia de género y parados de larga duración.

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