miércoles, 12 diciembre, 2018
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Actividades acuáticas beneficiosas para la tercera edad

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La Organización Mundial de la Salud recomienda, para los adultos mayores de 65 años, dedicar entre 2 horas y media y 5 horas a la semana para realizar actividad física. Dentro de esta actividad entran los paseos, las tareas domésticas o las actividades recreativas. Para conseguir los máximos beneficios para la salud, la recomendación de la OMS incluye también la práctica de actividad aeróbica. Sin embargo, este tipo de actividades, realizadas sin control, pueden suponer riesgo de lesión por el impacto articular.

Las actividades acuáticas son una gran alternativa ya que al trabajar en el agua, se reduce el riesgo de “sobrecargas”, como apunta Carlos Amado, director de la piscina municipal de Arteixo. El medio acuático tiene una gran ventaja: la flotación, que permite “trabajar sin peso por lo que no hay problemas en la espalda o la cadera”. Esto lo convierte en el medio idóneo para que las personas con movilidad reducida puedan realizar ejercicio. También son adecuadas para el proceso de rehabilitación o la práctica de actividad física en caso de que exista alguna enfermedad o lesión. De hecho, según apunta Carlos, “muchas personas se acercan por primera vez a la piscina por recomendación médica”.

Dentro de las actividades en el medio acuático habría que diferenciar entre la natación y la gimnasia acuática. Los cursos de cursos de iniciación y perfeccionamiento están pensados para aprender a desenvolverse en el medio acuático y también para los que ya lo dominan. Aunque los efectos beneficiosos de las actividades acuáticas son palpables es preciso adoptar una buena postura ya que “nadar con el cuello estirado o en tensión es perjudicial”.  Muchas personas mayores de 65 años no saben nadar pero eso no debe ser un impedimento para realizar actividades en el medio acuático. El primer paso para lanzarse al agua es perder el miedo. El objetivo de las actividades de iniciación es que se “familiaricen con el agua, poco a poco descubren que flotan y que son autónomos en el agua”.

Con la gimnasia acuática se “realizan ejercicios globales dentro del agua para trabajar todas las partes del cuerpo”. Las actividades acuáticas se sirven además de la resistencia que ofrece el agua y tiene un efecto muy positivo a nivel cardiovascular. Se comienza con “ejercicios en el agua como desplazarse caminando, haciendo marcha y con ejercicios en flotación valiéndose de distinto material”. Los beneficios, tanto en la natación como en la gimnasia acuática, apunta Carlos, son inmediatos, “hay gente que viene encogida y sale estirada”.  Según la OMS la actividad física mejora las funciones cardiorrespiratorias, musculares, la salud ósea y funcional y reduce el riesgo de enfermedades no transmisibles como cáncer, enfermedades respiratorias crónicas o diabetes.

Los beneficios se producen también en el plano psicológico y cognitivo. La actividad física mejora la autoestima, la confianza y el estado de ánimo así como ayuda a reducir la ansiedad, el estrés o el riesgo de depresión. En el marco cognitivo, la repetición de las diferentes series de ejercicios, el recuerdo de acciones concretas y la coordinación necesaria para llevar a cabo algunas acciones tienen efectos positivos en la memoria. Aunque hay personas mayores que acuden a la piscina de forma individual, según apunta Carlos, la mayoría asiste a este tipo de actividades en grupo en las que el monitorado dirige y controla los ejercicios. El hecho de realizar estas actividades en grupo tiene también una repercusión a nivel social, se mejora la comunicación, la sociabilidad y  se reduce la sensación de soledad o aislamiento que se produce en ocasiones en la tercera edad.

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